Autor: Javier Nodras

Traducción del relato «El niño perdido» de Grazia Deledda

Traducción del relato «El niño perdido» de Grazia Deledda

Presento ahora la traducción del relato «El niño perdido» de Grazia Deledda, una historia escrita por esta autora italiana, vencedora del premio nobel de literatura, y que publicó por primera vez en 1903 junto a otros relatos en un libro llamado «La regina delle tenebre«, publicado en digital por la Editorial Media Fanega en su lengua original.

«El niño perdido» es un relato sombrío y, al mismo tiempo, optimista. Narra la historia de Matteo Morys, un señor de mediana edad al borde del suicidio. El mismo día que decide llevar a cabo su decisión, se encuentra en un parque con un niño pequeño que acaba de escapar de casa… Las primeras líneas son estas:

Un caballero, Matteo Morys, había decidido suicidarse en una arboleda cerca de la ciudad.

Hizo testamento, en el que estableció como heredera de todas las cosas que había en su casa a la vieja doncella, y de su patrimonio a un hospital. Se dirigió una tarde al lugar fatal donde iba a morir. Empezó a caminar por las calles más solitarias, y pronto estuvo fuera de la ciudad. Era una hermosa tarde de otoño: la luna en cuarto creciente brillaba en lo alto del cielo más puro, y frente a Matteo, sobre la línea negra de la arboleda que cerraba el horizonte glacial, se asentaba el brillante Venus. El aire era tibio, y ruidos distantes e indistintos vibraban en los espacios más claros: parecía primavera, y una alegría arcana, como en el bello crepúsculo de principios de mayo, palpitaba a su alrededor.

La traducción del relato «El niño perdido» de Grazia Deledda se ha incluido en el libro de relatos «La reina de las tinieblas«, también editado por la Editorial Media Fanega.

Traducciones del italiano

Con ello continúo el proyecto de traducir del italiano al castellano obras que, a mi juicio, merecen ser conocidas por el público de nuestra lengua. El talento es un bien mucho más extendido de lo que algunos tienden a creer. Buena muestra de ello son relatos como este, que injustamente no habían sido todavía traducidos y promocionados en castellano. Es también el caso del volumen de cuentos «La danza de los gnomos y otros cuentos de hadas«, de Guido Gozzano, que finalicé de traducir recientemente.

 

Guido Gozzano y los gnomos

Guido Gozzano y los gnomos

Hay escritores malditos, y luego están los poetas, malditos entre los escritores, aunque se rodeen de gnomos.

Quizás Guido Gozzano (1883-1916) sea un buen ejemplo de ello. Su obra, fundamentalmente poética, es relativamente poco conocida en Italia, su país de nacimiento. En español habían sido traducidas colecciones de poesías suyas, por Carlos Pujol (Poemas de Guido Gozzano) y por José Muñoz Rivas (Los coloquios, Poesía…), sus cartas (La vía del refugio, Hacia la cuna del mundo), pero nunca hasta la actualidad se había traducido íntegramente al español una colección de cuentos de hadas, La danza degli gnomi e altre fiabe, que escribió para el suplemento infantil llamado “Corrieri dei piccoli”.

Inspirados en los cuentos clásicos pero críticos con sus estereotipos

Son cuentos y fábulas inspirados en la tradición clásica, pero donde la imaginación de Gozzano se desborda, donde, frente al clásico maniqueismo de los cuentos infantiles, Gozzano se permite romper con los estereotipos, y así aparecen princesas pérfidas y brujas buenas, como en aquel fantástico poema de José Antonio Goytisolo llamado “Érase una vez”.

Guido Gozzano y los gnomos. Poeta maldito entre los escritores

 

Por todo ello, y para poder leérselos a mis hijos, me he decidido a traducirlos en este tiempo de clausura. Y hoy me permito presentarlo, coincidiendo con el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Puedes descargar un framento gratuito de “La danza de los gnomos y otros cuentos de hadas” aquí.

Guido Gozzano y los gnomos. Poeta maldito entre los escritores

Son sus historias tan inspiradoras, que me están sirviendo de material para adaptarlas a un lenguaje más actual, y conforme a los valores que la psicología y la educación considera más idóneos para los jóvenes lectores. Y como una de mis preferencias es la que señalaba en mi entrada sobre la literatura interactiva, no descarto que en breve pueda terminar una conversión de alguno de estos cuentos, en una historia interactiva, donde la historia evoluciones conforme a los gustos de sus jóvenes lectores. Les mantendre informados.

@ del texto: Javier Nodras (2020).

 

Sobre herencias literarias

Sobre herencias literarias

Un tatarabuelo mío proporcionó una herencia muy poco literaria. Él tenía una cosa solariega, con dos balcones en una casa de piedra en un pequeño pueblo castellano. Cuando mi tatarabuelo falleció (joven, de un infarto de corazón), lo heredó su mujer. Bastantes años después le llegó el turno de morir, y le tocó en suerte en la herencia a mi bisabuelo, que al morir, lo cedió a mi abuela, que al morir lo dejó en herencia a mi tía, que fue y… lo vendió. Fin de la primera parte de la historia.

Y si mi tatarabuelo hubiera sido escritor

Supongamos que mi tatarabuelo hubiera sido un gran escritor del siglo XIX, uno de los poquísimos escritores que escribieron algo en aquella parte de la historia que todavía hoy merecen el crédito del público y, sorprendentemente, tienen lectores que lo recomiendan de boca en boca.

Supongamos que mi tatarabuelo, en lugar de haber trabajado de sol a sol en el campo, se hubiera dado al oficio de escribir, y a esa pasión hubiera dedicado el tiempo del que dispuso en su breve, para los estándares de hoy en día, vida.

Ya no podría haber construido una hermosa casa de piedra con dos balcones, porque era escritor, pero no ganaba tanto como para poder comprarse un terrero y luego construirla, pero sí tenía lo suficiente para alimentarse a él y a su familia. Cuando murió, de un infarto al corazón, joven, heredó los derechos de su obra su mujer. Bastantes años después le llegó el turno de morir. Habían pasado treinta años desde que murió su marido. Su único hijo heredó los derechos de autor de la obra hasta que… transcurrieron 70 años desde que murió su padre y entonces dejó de tener los ingresos por los libros que había escrito su padre y que todavía se seguían leyendo.

Si su padre, en lugar de haber escrito se hubiera dedicado a cualquier otro trabajo, podría haber heredado el dinero o los bienes materiales en que convirtió su esfuerzo, pero si era un esfuero literario no.

La ley de vencimiento de los derechos de autor: una discriminación según tipos de propiedades

No soy el primer escritor que se opone a que los derechos de la obra deban vencer. Mark Twain propuso que fueran a perpetuidad, y también Javier Marías lo manifestó, entre otros. Pero ¿tiene algún sentido discriminar un tipo de esfuerzo frente a otros? ¿por qué motivo, si tu esfuerzo se acaba dedicando a escribir libros que proporcionan el disfrute a miles de personas, deben tus herederos dejar de disfrutarlo, pero si tu esfuerzo se dedica a atesorar acciones, o propiedades inmobiliarias, lo serán a perpetuidad? ¿Tiene menos mérito ser heredero de Cervantes que de cualquier noble que haya heredado un castillo? ¿Tiene la ley que privilegiar las herencias inmobiliarias frente a las culturales?

Quizás lo más justo sería que no se discriminara entre unos tipos de propiedades y otras, y todo aquello que se hereda debería pasar al patrimonio público cuando transcurriera un determinado periodo de tiempo: sea un libro, una finca o una empresa. Nadie merece, quizás, disfrutar del esfuerzo de otros, pero supongo que forma parte de la naturaleza humana que nos preocupemos por el bienestar de los hijos a los que les regalamos la vida (o quizás sea una forma de compensación por los sinsabores que ésta acarrea, no lo sé); o queramos agradecer a aquellas personas que nos regalaron su tiempo en vida, o su cariño, o su amor. Y si así fuera, si las propiedades materiales tuvieran fecha de vencimiento, quizás la gente dejaría de dedicar tanto tiempo en vida a atesorar bienes materiales, y quizás proliferarían mucho más los talentos artísticos.

Esta es una propuesta con un hálito de vida extraordinariamente breve: nadie va a aceptar que le despojen de sus posesiones porque ha transcurrido un número determinado de años. Los palacios centenarios de los nobles todavía hoy siguen en manos, en ocasiones, de descendientes que se lo han ido transpasando de mano en mano desde hace siglos, y a nadie le parece mal; todo lo contrario, es signo de que forman una familia poderosa, que desafía al tiempo con símbolos del poder económico que todavía hoy conservan.

Antepasados ricos o famosos

Hablando sobre herencias literarias, si tu antepasado fue Cervantes, o Góngora, o Newton, entonces dice la ley que no mereces seguir disfrutando del beneficio de provenir de una familia donde una vez hubo un genio, de alguien que alguna vez aportó algo a la humanidad. La sociedad en su conjunto disfruta en su conjunto de las producciones artísticas y científicas durante generaciones y generaciones, y el esfuerzo de esas personas genera bienestar y riqueza económica a millones de personas, pero sus herederos no disfrutan de ello pasado un tiempo. Si tu antepasado es Rockefeller, o Botín, entonces sí, entonces no hay fechas de caducidad.

La maldición de ser artista o científico

Todos los artistas y los científicos son malditos, por este motivo. Sin embargo -podría argumentar alguien- ¿el arte y la ciencia no son desprendidos, no se hacen sólo por placer, y tienen además el cebo de que permiten alcanzar algún tipo de inmortalidad? Cuando alguien trabaja en un trabajo que genera dinero, se supone que no disfruta, y darle el dinero es una forma de compensarle por su esfuerzo. Por eso los escritores ganan poco, y al final, a sus herederos se les retira ese poco pasados los años.

Si ese fuera el argumento, la ley de vencimiento de los derechos de autor fomenta que la gente deje de realizar actividades que les gustan para realizar otras bienestar de tus herederos, no te dediques a escribir libros, ni a investigar. Gana dinero de otra forma e inviértelo en algo tangible, material. Nadie te lo quitará nunca.

@ del texto: Javier Nodras (2020).

Foto de Fondo creado por jcomp – www.freepik.es

El zoo ajedrecístico: el lugar donde se encuentran los animales, el ajedrez y la poesía

El zoo ajedrecístico: el lugar donde se encuentran los animales, el ajedrez y la poesía

El ajedrez y la poesía son dos caminos que se han entrecruzado múltiples veces, probablemente desde que existen ambos. Esta colección de poemas, llamada El zoo ajedrecístico, vuelve a transitar por ellos, iniciándose con una adaptación libre de uno de esos poemas que se hermanan con el ajedrez. El poema original, escrito por Ezra Pound, me ha servido de inspiración para iniciar un camino recorrido por las piezas del ajedrez, acompañadas por diferentes animales, y también por sus campeones, que nos contemplan desde un universo poblado día y noche por peones que danzan bailes imposibles, siempre gobernados por las leyes de las matemáticas y la belleza.

Equivalencias animales en el mundo del ajedrez

El zoo ajedrecístico busca mediante el lenguaje poético encontrar una equivalencia en el reino animal a cada una de las piezas con las que se juega al ajedrez, de la torre al peón, y del pez martillo al camaleón. También, el zoo ajedrecístico, es un homenaje a todos los campeones del mundo que han existido, desde finales del siglo XIX hasta el siglo XXI, desde los lejanos tiempos de Steinitz hasta el campeón de principios de este siglo, Magnus Carlsen. Y en cada uno de esos campeones, se ha buscado una equivalencia en el reino animal a su forma de jugar, o a su forma de ser, o a sus filias o a sus fobias.

Ha sido fundamental en la escritura de este breve poemario la colaboración de la artista guatemalteca Jazmín Negro. Sus ilustraciones acompañan cada uno de los poemas, tanto los dedicados a las piezas del ajedrez, como los dedicados a los grandes campeones de la historia de este juego inmortal.

El trabajo creativo no ha seguido el orden tradicional en estos casos, donde primero se escribe el poema y luego se ilustra, o primero se buscan ilustraciones como gérmenes del texto. En su lugar, ha sido bidireccional, empezando por el texto que inspiró a Jazmín Negro, pero que continuó cuando sus primeros bocetos me hicieron reflexionar sobre la idoneidad del texto inicial, lo que me llevó a reescribirlo completamente, buscando resonancias que inicialmente me habían pasado desapercibidas. Digamos que nos hemos inspirado mutuamente y el trabajo que se encuentra en este poemario es su resultado. Encabeza esta entrada una de las ilustraciones originales de Jazmín Negro para El zoo ajedrecístico.

@ Javier Nodras (2020)

Literatura robótica

Literatura robótica

Uno de los campos del conocimiento humano que tampoco escapan a los avances de la inteligencia artificial es la creación de obras literarias, lo que podríamos llamar la «literatura robótica». Existe, de hecho, una revista en inglés con esta ambición, llamada CuratedAI, escrita por máquinas para la gente (así es su lema), en la que existe una sección de prosa y otra de poesía. Reconocen que la edición de los textos que publican es de momento un ámbito reservado a humanos, por lo que los textos pueden haber sido modificados levemente por algún humano tras haber sido generados por un algoritmo. Uno de lo poemas que publican se llama Pescado, y ha sido escrito por una red neuronal recurrente, llamada Deep Gimble II. Si lo traducimos con uno de los mejores traductores disponibles, también por supuesto con inteligencia artificial, llamado DeepL, el resultado es el siguiente:

Pescado

pescar
te gustan esas largas y negras
casas donde sus ramas ruedan
donde las flores cuelgan desnudas
agua allí
por los árboles de oro en el cielo
sobre un poco de aire
ante ti una esmeralda
mundo entre el agua pero
su sombra
como sus brillantes
el ojo parece estar cerca

Deep Gimble II, traducido por DeepL”

La única manipulación humana que reconocen en este texto es el lugar donde se producen los saltos de línea, y fue generado a partir de la palabra inicial. El algoritmo se había entrenado previamente con miles, supongo, de poemas disponibles en el dominio público.

¿Un gran poeta?

Sí, lo sé, no es un gran poema, Neruda o Lorca los tienen mejores, y Quevedo, y tantos otros, pero es el principio, no nos precipitemos.

Robots que escriben solos

Los avances en la ciencia son siempre saltos incrementales, no hay pasos hacia atrás, siempre se avanza respecto a la situación previa.

Y ello es cierto, salvo que se produzcan interferencias políticas o religiosas, por lo que podemos suponer que Deep Gimble 90 será mucho mejor poeta, y también podemos suponer pues que llegará un momento en que el mejor poeta del mundo será un robot y escribirá los mejores poemas de amor jamás escritos. Nunca se habrá enamorado de nadie. Y a nadie le importará. Tal y como ocurre en el ajedrez, un ámbito que se consideraba artístico, y en el que el campeón del mundo humano está en la actualidad muy por debajo, a años luz, del campeón del mundo robótico.

Democratización de la creación literaria

Este avance en la creación de literatura robótica supondrá que la democracia habrá llegado a la creación literaria, y podrá expandirla hasta niveles hasta ahora nunca vistos, porque cuando un humano se emociona con una obra literaria es porque el autor logró conectar en sus más íntimos sentimientos con el lector.

Dicen que nuestro escritor favorito es aquel que ha sabido expresar hermosamente nuestros pensamientos.

Y seguro que los futuros robots escritores sabrán inspirarse, no solo en las obras de los genios humanos de la literatura, sino también en el estado de ánimo de cada uno de sus lectores; en el rastro que deja en sus redes sociales, sean palabras, fotografías o emoticonos. Cada persona tendrá a su disposición una obra literaria sublime, escrita por el mejor escritor posible, e inspirada en su vida, en cualquier momento de ella, siempre que quiera. Ya nadie envidiará a las grandes musas de los grandes artistas, porque todos seremos musas de robots que escriben mucho mejor, si así lo deseamos. Ya nadie podrá enamorar a otra persona escribiéndole poemas, porque todos desconfiarán de que no hayan sido escritos por un robot, y porque dándole a un botón, el sujeto de su amor tendrá tantos como quiera.

Y los escritores, que tradicionalmente hemos sido pobres, lo seremos aún más.

¿Un triste destino, o deseable?

Puede parecer un destino triste, pero en realidad no lo es. El ser humano parece encaminarse hacia un futuro en el que las máquinas trabajen para ellos, y los ámbitos en los que serán capaces de hacerlo mejor que cualquier humano son todos los imaginables. En un futuro próximo creo que no habrá ningún lugar, ninguna actividad, ningún tipo de oficio, en la que un humano, con todas sus limitaciones, pueda superar a su contrincante robótico, porque los humanos así lo hemos querido, así los hemos diseñado. En el momento en que el ser humano consiguió que un algoritmo aprendiera por sí mismo, se rompieron todos los límites del crecimiento del conocimiento que hasta ahora conocíamos.

El ajedrez como presagio de lo que le espera a la literatura

Me parece metafórico, en este sentido, lo que ha ocurrido en el ámbito ajedrecístico. Durante muchos años, desde mediados del siglo XX, se intentó que los ordenadores aprendieran a jugar al ajedrez. y fracasaron durante cuarenta largos años. Durante ellos, no podían enfrentarse a los mejores humanos, pero cada vez jugaban un poquito mejor, cada vez había menos seres humanos capaces de vencerles. Hasta que uno venció al campeón del mundo. Desde entonces, han seguido evolucionando, pero eran algoritmos creados y manipulados de forma artesanal por programadores y grandes maestros ajedrecísticos. Es decir, la huella humana era muy palpable en la forma de jugar, en las aperturas que elegían, y a ello se añadía la proverbial capacidad de cálculo de los ordenadores. No había más.

Pero entonces llegó la inteligencia artificial y creó Alpha Zero, un programa diseñado para aprender a jugar al ajedrez solo a partir de las reglas, y nada más. Sin partidas de grandes maestros, sin manipulaciones humanas. Lo dejaron entrenar unas pocas horas, y en ese tiempo, alcanzó un nivel de conocimiento ajedrecístico muy superior al del mejor software ajedrecístico previo. Es decir, el conocimiento humano ajedrecístico atesorado durante siglos fue sobrepasado en dos días por un algoritmo que aprendía por su cuenta, que desarrolló aperturas hasta niveles desconocidos previamente, que descartó otras que los humanos habíamos jugado durante siglos.

Ya no podemos creernos el ser más inteligente del universo

Puede parecer triste, pero no lo es en absoluto. Por supuesto es una cura de humildad, pero más allá de que ya no podremos creernos el ser más inteligente del universo, es extraordinariamente interesante. Porque ahora cualquier persona puede jugar y aprender de los mejores, y antes eso era muy costoso, y muy pocos podían permitírselo. Cuando nuestra vida peligre y debamos entrar en la sala de operaciones, ¿quién preferirá que le opere el mejor cirujano solo porque sea humano, sabiendo que el pulso a veces le tiembla, que a veces descansa mal por las noches, que no tiene la precisión nanométrica del robot?

@ Javier Nodras (2020)

Literatura interactiva

Literatura interactiva

¿Es la literatura interactiva un oxímoron?

Si alguien dice «literatura interactiva», creo que muchos pensarían que lo que escuchan es un oxímoron. Sin embargo, si se escucha «Elige tu propia aventura», todos aquellos que ya tenemos una cierta edad dibujaremos una sonrisa en los labios.

En nuestros cerebros se ilumina entonces una portada de color rojo, y nos retrotraeremos a cuando éramos preadolescentes y leíamos aquellas aventuras ilustradas y divertidas. En ellas, siempre nos hablaban en primera persona y cada poco teníamos diferentes opciones para hacer avanzar la historia, continuando la misma en una página o en otra. Porque estos libros mágicos no se leían de la primera a la última página. De las alternativas que eligiéramos dependería el curso que tomaría la historia, y el destino de nuestro alter ego en ella sería exitoso o no.

Literatura interactiva

Portada de «El expreso de los Vampiros», de la serie «Elige tu propia aventura», de Tony Koltz (1984).

En principio, nadie las llamaría «literatura interactiva» si entendemos por literatura el arte de la expresión verbal, que es la primera de las acepciones que le da la Real Academia Española. Los libros interactivos parecían estar destinados a ser consumidos, sin mayores pretensiones.

Se diría que el único objetivo de «este tipo de libros» parecía ser el de hacer pasar un buen rato a un lector muy joven que a través de ciertos artilugios (escritos en segunda persona del presente, aventura, adoptar decisiones para hacer avanzar la historia, ilustraciones…) se podía sentir más identificado con la historia respecto a si hubiera sido contada de una forma tradicional. El éxito comercial de la saga «Elige tu propia aventura» fue incontestable, e incluso ahora, se siguen reeditando en español. Es difícil hacerse una idea de cuántos se han vendido hasta el momento, pero para hacernos una idea, cabe señalar que solo entre 1979 y 1998 se han vendido más de 250 millones de ejemplares, y se han traducido a 38 idiomas.

Sin embargo, o quizás por ello, nadie la definiría como «literatura interactiva». Según la Wikipedia, consiste en un «libro juego». Nadie podría citar a uno de los autores de los libros de «Elige tu propia aventura» que tenga prestigio en el ámbito literario. No hay ningún premio nobel de literatura en la nómina de los autores.

Literatura interactiva con pretensiones literarias

¿Y por qué no? ¿Es incompatible crear una obra literaria con pretensiones de tal (es decir, de alcanzar el arte de la expresión verbal) en formato interactivo?

Creo que por supuesto que no es incompatible. Probablemente los autores con la suficiente calidad para crear este tipo de obras no le encuentran el pedigrí suficiente para embarcarse en ellas, y de hacerlo, se encuentran en un terreno en el que las reglas habituales de escritura son muy diferentes:

La elección del escritor como sumo creador que va eligiendo lo que le va ocurriendo a cada uno de los personajes de la historia se difumina, pasa a un segundo término, porque en este tipo de literatura el oficio del escritor es plantear alternativas creíbles, y escribir todas y cada una de ellas. Consiste en dejar de pensar que las cosas en el universo que ha creado solo pueden haber ocurrido de una sola forma. Consiste en tener la humildad suficiente para reconocer que quizás Madame Bovary podría haber acabado mejor de como acabó.

Portada de «Madame Bovary», de Gustave Flaubert.

Grandes escritores escribiendo en videojuegos

Seguro que llegará el momento en que grandes autores desembarquen en este género. De hecho, quizás ya lo hayan hecho, pero no en el formato de libro tradicional (sea en tinta negra sobre papel o electrónica), sino en el formato de juegos electrónicos, donde hoy día guionistas de primer nivel escriben historias y crean personajes y tramas donde el jugador «elige su propia aventura».

A ello, cabe hacer varias objecciones:

  • No son lectores, sino jugadores, según la terminología actual. Aunque en realidad se han convertido en espectadores que interactúan, es decir, protagonistas de la historia que están contemplando.
  • En estos juegos el componente de acción (matar, resolver acertijos, etc.) de momento es el más relevante, pero no necesariamente tendría que serlo, podrían ser historias donde no sea esencial ser ágil con el botón de disparar del mando, y donde el disfrute consista en hacer avanzar la historia conforme a los deseos del jugador.
  • Los juegos de ordenador donde el texto es relevante son obras corales, donde hay muchos artistas involucrados (guionistas, grafistas, músicos, etc.), y que la imaginación que exige a un lector leer un libro (que se va construyendo en la mente del mismo mientras avanza en él, a partir del texto y de todas sus vivencias previas) no exige ese esfuerzo en el caso del jugador. Por ello, quizás la huella mental, como poso que deja un juego en el jugador, sea inferior a la que deja el libro en el lector (por no sentirlo tan propio como si lo hubiera construido él a partir de las palabras escritas mientras lo leía, haciendo trabajar duro a su imaginación).

Incipientes intentos de una cierta interactividad en el ámbito de la gran literatura

Aunque solo mencionado como posibilidad, Jorge Luis Borges, en el relato «El jardín de los senderos que se bifurcan» habla sobre un libro laberíntico. Es cierto que son bifurcaciones no espaciales sino temporales, quizás en el mismo sentido que lo son los libros interactivos. Y entre otros eminentes antecedentes, Julio Córtazar y su «Rayuela», que ofrece dos órdenes de lectura alternativos. Es un intento tímido, donde solo se permiten dos alternativas de leer la misma historia al lector, pero pudiera ser un principio.

Por todo ello, creo que vale la pena intentar crear «literatura interactiva». Y para ello, nada mejor que aprovechar la tecnología que ofrecen los libros electrónicos, creando tantas bifurcaciones como se deseen. Sin duda, son mucho más cómodas de leer que aquellas que recordamos de tiempos pretéritos. Basta crear un vínculo en el texto.

Y en esas estoy, con libros ya finalizados como «El expreso intergaláctico» y «El planeta más extraño del mundo», otros que tengo en mente, y algunos ya iniciados.

@ Javier Nodras (2019).

Palabras verdaderas

Palabras verdaderas

La literatura debería consistir en escribir palabras verdaderas. Desde ese objetivo, este lugar te pemritirá seguirme, saber qué libros estoy leyendo, cuales son mis proyectos actuales, y mis inquietudes y reflexiones. Suscíbete si quieres estar al corriente, y siéntete libre de comentar lo que piensas al respecto.

¿Por qué escribo?

¿Por qué escribo?

El oficio de escritor es curioso, muy curioso. La mayoría de los escritores se sienten en la obligación de plantearse y responder a la pregunta de ¿por qué escribo? Seguramente, también se la hacen los bomberos, los astronautas, los administrativos y los inversores. Parece que cuando te dedicas a actividades artísticas, tan poco lucrativas como la escritura, la pintura o el ajedrez, tan poco exitosas salvo honrosas excepciones, resulta tan extraño a ojos de los demás que la respuesta no es “para ganarme la vida” que debe haber algún otro tipo de motivación interna que nos impele a escribir, sabiendo que lo que tenemos que contar les interesará probablemente a muy pocos. Y sin embargo, seguimos escribiendo, jugando al ajedrez y pintando.

Responderé a la pregunta. Escribo porque respiro, y dejaré de hacerlo cuando deje de respirar, no antes. Escribo porque leo, porque es mi forma de reflexionar, de espantar demonios internos; escribo porque no hay nada que me haga más bien y que sea tan barato.

Este blog que ahora inicia tiene varios objetivos:

  • Me gusta compartir mis demonios. Es una forma de hacer más llevaderos sus embates, y es extraordinariamente gratificante saber que lo que has escrito ha llegado al alma de otra persona (a mí me pasó muy pocas veces, pero las recuerdo con enorme gratitud todas y cada una de ellas).
  • Difundir entre otros progenitores las historias que he escrito para mis hijos, en la confianza de que si les ha gustado a ellos, mis primeros lectores, les puede gustar también a otros.
  • Compartir mis proyectos, el último libro que he empezado, la última idea que se me ha ocurrido, por muy poco razonable que pudiera parecer.
  • Hablar y escuchar a los que me leen, saber qué opinan, qué les gusta de lo que digo y, sobre todo, qué no les gusta.
  • Imponerme la disciplina de escribir con cierta periodicidad, para así obligarme a seguir haciéndolo. La pereza es un enemigo declarado mío y ya me ha ganado demasiadas batallas. Seguro que, con tu ayuda, ésta no será una de ellas.

 

¿Por qué escribo? | Javier Nodras

 

Para despedir esta entrada, daré una respuesta metafórica. Escuché una vez una historia que contaba que…

«Se encontraron una rana y un escorpión un río que debían cruzar. El escorpión no sabía nadar, la rana sí, por eso, el escorpión le pidió a la rana que le ayudara a cruzarlo. La rana desconfió, y le preguntó al escorpión:

  • ¿Y cómo sé que no me picaras cuando te lleve a las espaldas?
  • Porque moriremos ambos, tú por mi mordedura y yo ahogado -le respondió el escorpión.

Así convenció el escorpión a la rana, que empezó a nadar hacia la otra orilla con el escorpión a sus espaldas.

Cuando estaba en mitad del río, la rana sintió un dolorosísimo picotazo en su espalda, y sintiendo como el veneno lo aniquilaba velozmente, justo antes de morir tuvo fuerzas para preguntarle al escorpión:

  • ¿Por que lo has hecho?
  • Está en mi naturaleza -respondió el escorpión escritor.»

 

Ése es, en resumen, la única explicación posible. Está en mi naturaleza escribir.

@ Javier Nodras (2019).

La luna leve

La luna leve

Acabo de publicar en Amazon en formato Kindle el relato “La luna leve“, ilustrado por la artista mexicana Malinaky. Cuenta la historia del día que la luna cayó del cielo y vino a clavar sus picos en las montañas de un pueblecito pequeño.

«La luna leve» es un relato que escribí hace ya más de veinte años, pero la facilidad que nos proporcionan las plataformas digitales para difundir nuestros textos, y la fuerza y originalidad de las ilustraciones de la artista mexicana Malinaky me han animado a publicarla de forma independiente.

Es un relato que incide en la importancia que tiene el tener sueños lo suficientemente lejanos para no alcanzarlos. Los sueños pueden suponer la guía de nuestra vida, el camino al que encaminamos nuestros esfuerzos, la brújula que nos dirige. Quizás alcanzarlos pueda no ser tan maravilloso como podría parecerlo en un primer instante…

La luna leve está disponible en español, italiano e inglés (versión esta última traducida por Joanna Crowson).

@Javier Nodras (2019).