Categoría: Inteligencia artificial

Literatura robótica

Literatura robótica

Uno de los campos del conocimiento humano que tampoco escapan a los avances de la inteligencia artificial es la creación de obras literarias, lo que podríamos llamar la «literatura robótica». Existe, de hecho, una revista en inglés con esta ambición, llamada CuratedAI, escrita por máquinas para la gente (así es su lema), en la que existe una sección de prosa y otra de poesía. Reconocen que la edición de los textos que publican es de momento un ámbito reservado a humanos, por lo que los textos pueden haber sido modificados levemente por algún humano tras haber sido generados por un algoritmo. Uno de lo poemas que publican se llama Pescado, y ha sido escrito por una red neuronal recurrente, llamada Deep Gimble II. Si lo traducimos con uno de los mejores traductores disponibles, también por supuesto con inteligencia artificial, llamado DeepL, el resultado es el siguiente:

Pescado

pescar
te gustan esas largas y negras
casas donde sus ramas ruedan
donde las flores cuelgan desnudas
agua allí
por los árboles de oro en el cielo
sobre un poco de aire
ante ti una esmeralda
mundo entre el agua pero
su sombra
como sus brillantes
el ojo parece estar cerca

Deep Gimble II, traducido por DeepL”

La única manipulación humana que reconocen en este texto es el lugar donde se producen los saltos de línea, y fue generado a partir de la palabra inicial. El algoritmo se había entrenado previamente con miles, supongo, de poemas disponibles en el dominio público.

¿Un gran poeta?

Sí, lo sé, no es un gran poema, Neruda o Lorca los tienen mejores, y Quevedo, y tantos otros, pero es el principio, no nos precipitemos.

Robots que escriben solos

Los avances en la ciencia son siempre saltos incrementales, no hay pasos hacia atrás, siempre se avanza respecto a la situación previa.

Y ello es cierto, salvo que se produzcan interferencias políticas o religiosas, por lo que podemos suponer que Deep Gimble 90 será mucho mejor poeta, y también podemos suponer pues que llegará un momento en que el mejor poeta del mundo será un robot y escribirá los mejores poemas de amor jamás escritos. Nunca se habrá enamorado de nadie. Y a nadie le importará. Tal y como ocurre en el ajedrez, un ámbito que se consideraba artístico, y en el que el campeón del mundo humano está en la actualidad muy por debajo, a años luz, del campeón del mundo robótico.

Democratización de la creación literaria

Este avance en la creación de literatura robótica supondrá que la democracia habrá llegado a la creación literaria, y podrá expandirla hasta niveles hasta ahora nunca vistos, porque cuando un humano se emociona con una obra literaria es porque el autor logró conectar en sus más íntimos sentimientos con el lector.

Dicen que nuestro escritor favorito es aquel que ha sabido expresar hermosamente nuestros pensamientos.

Y seguro que los futuros robots escritores sabrán inspirarse, no solo en las obras de los genios humanos de la literatura, sino también en el estado de ánimo de cada uno de sus lectores; en el rastro que deja en sus redes sociales, sean palabras, fotografías o emoticonos. Cada persona tendrá a su disposición una obra literaria sublime, escrita por el mejor escritor posible, e inspirada en su vida, en cualquier momento de ella, siempre que quiera. Ya nadie envidiará a las grandes musas de los grandes artistas, porque todos seremos musas de robots que escriben mucho mejor, si así lo deseamos. Ya nadie podrá enamorar a otra persona escribiéndole poemas, porque todos desconfiarán de que no hayan sido escritos por un robot, y porque dándole a un botón, el sujeto de su amor tendrá tantos como quiera.

Y los escritores, que tradicionalmente hemos sido pobres, lo seremos aún más.

¿Un triste destino, o deseable?

Puede parecer un destino triste, pero en realidad no lo es. El ser humano parece encaminarse hacia un futuro en el que las máquinas trabajen para ellos, y los ámbitos en los que serán capaces de hacerlo mejor que cualquier humano son todos los imaginables. En un futuro próximo creo que no habrá ningún lugar, ninguna actividad, ningún tipo de oficio, en la que un humano, con todas sus limitaciones, pueda superar a su contrincante robótico, porque los humanos así lo hemos querido, así los hemos diseñado. En el momento en que el ser humano consiguió que un algoritmo aprendiera por sí mismo, se rompieron todos los límites del crecimiento del conocimiento que hasta ahora conocíamos.

El ajedrez como presagio de lo que le espera a la literatura

Me parece metafórico, en este sentido, lo que ha ocurrido en el ámbito ajedrecístico. Durante muchos años, desde mediados del siglo XX, se intentó que los ordenadores aprendieran a jugar al ajedrez. y fracasaron durante cuarenta largos años. Durante ellos, no podían enfrentarse a los mejores humanos, pero cada vez jugaban un poquito mejor, cada vez había menos seres humanos capaces de vencerles. Hasta que uno venció al campeón del mundo. Desde entonces, han seguido evolucionando, pero eran algoritmos creados y manipulados de forma artesanal por programadores y grandes maestros ajedrecísticos. Es decir, la huella humana era muy palpable en la forma de jugar, en las aperturas que elegían, y a ello se añadía la proverbial capacidad de cálculo de los ordenadores. No había más.

Pero entonces llegó la inteligencia artificial y creó Alpha Zero, un programa diseñado para aprender a jugar al ajedrez solo a partir de las reglas, y nada más. Sin partidas de grandes maestros, sin manipulaciones humanas. Lo dejaron entrenar unas pocas horas, y en ese tiempo, alcanzó un nivel de conocimiento ajedrecístico muy superior al del mejor software ajedrecístico previo. Es decir, el conocimiento humano ajedrecístico atesorado durante siglos fue sobrepasado en dos días por un algoritmo que aprendía por su cuenta, que desarrolló aperturas hasta niveles desconocidos previamente, que descartó otras que los humanos habíamos jugado durante siglos.

Ya no podemos creernos el ser más inteligente del universo

Puede parecer triste, pero no lo es en absoluto. Por supuesto es una cura de humildad, pero más allá de que ya no podremos creernos el ser más inteligente del universo, es extraordinariamente interesante. Porque ahora cualquier persona puede jugar y aprender de los mejores, y antes eso era muy costoso, y muy pocos podían permitírselo. Cuando nuestra vida peligre y debamos entrar en la sala de operaciones, ¿quién preferirá que le opere el mejor cirujano solo porque sea humano, sabiendo que el pulso a veces le tiembla, que a veces descansa mal por las noches, que no tiene la precisión nanométrica del robot?

@ Javier Nodras (2020)